Septiembre marca uno de los grandes puntos de partida del año en el ámbito profesional. Más que un simple regreso a la rutina, este momento se ha convertido en una oportunidad para redefinir objetivos y, sobre todo, para revisar la gestión del bienestar emocional en el entorno laboral. En este contexto, las softskills, como la comunicación asertiva, la regulación emocional, el pensamiento estratégico o la capacidad de adaptación, han dejado de ser un extra deseable para convertirse en una pieza clave del éxito profesional y del equilibrio psicológico. Su incorporación en el día a día no solo facilita la gestión del cambio y la resolución de conflictos, sino que también combate el estrés y mejora el clima organizacional.
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